jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Tomamos mate?

El mate es mucho más que una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien un costumbre, un hábito.
El mate  es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa, el primer saludo es "hola" y el segundo: "unos mates?". Eso pasa en todas las casas. En la de los ricos y la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.y radicales ceban sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que no parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un hijo tuyo empieza a tomar mate. Después, ellos con los años, elijirán si tomarlo amargo, sulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien, por primera vez te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?". El otro responde: "Como lo tomés vos".
Los teclados de la Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre en todas las casas. Siempre. Con inflacióm, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones. Y si un día no hay yerba un vecino viene y te la da.
Este es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser hombre ocurre en circunstancias particulares. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad ni vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos.
No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico o chica pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en su casa, en ese instante es que se ha descubierto a si mismo, y ese día, no es un día cualquiera..
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro existen revoluciones.
El mate es el respeto por los tiempos para hablar y para escuchar, uno habla mientras el otro toma.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad del agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, inocentemente, "está caliente, no?".
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez por día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretenciones que compartir.
El mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate..!

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