miércoles, 26 de octubre de 2011

El helado.

Hace unos días, un niño de alrededor de 10 años entró en una heladería y se sentó a una mesa.
La camarera puso un vaso de agua en frente de él.
-Cuánto cuesta un cucurucho de helado de chocolate?- Preguntó el niño.
-Dos pesos cincuenta- Respondió la camarera.
El niño sacó una mano de su bolsillo y examinó una cantidad de monedas.
-Cuánto cuesta un helado de chocolate en vasito?- volvió a preguntar.
Algunas personas estaban esperando ser atendidas y la camarera ya estaba un poco impaciente.
-Dos pesos!- Le contestó bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas…
-Entonces quiero el helado en vasito- Dijo el niño.
La camarera le trajo el helado, puso el ticket en la mesa y fue atender otras mesas, refunfuñando por el tiempo que el niño le hizo perder.
Este terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Poco después, la camarera llegó a la mesa que el niño había ocupado, para limpiarla, y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puestos ordenadamente junto al plato vacío, había cincuenta centavos… Su propina.
Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.

Los ojos.

Esta es la historia de una joven ciega que se odiaba a sí misma, y a todo el mundo por ser ciega.
Odiaba a todos, menos a su novio que la quería mucho.
Un día consiguió un par de ojos sanos, la operaron y pudo ver. Cuando lo hizo, el novio le preguntó si se casaría con él, a lo que ella respondió que no, porque se dio cuenta que él era ciego. El novio, triste, la comprendió y se despidió de su vida.
En su partida le dejó esta nota:
“Tan solo te pido que cuides muy bien de mis ojos pues te los regalé y ahora son los tuyos, te amo”
Hoy antes de decir algo destructivo, piensa en los que no pueden hablar.
Antes de quejarte del sabor de tu comida, piensa en los que no tienen para comer.
Antes de quejarte d tu pareja, piensa en los corazones solitarios y tristes que añoran un compañero.
Antes de quejarte de tus hijos, piensa en quienes no lo tienen y los desean.
Cuando estés cansado y reniegues de tu trabajo, piensa en los millones que están desempleados y quisieran el tuyo.
Antes de señalar con el dedo, Y TOMARTE LA ATRIBUCIÓN DE JUZGAR, recuerda que todos hemos cometido errores, y lo seguiremos haciendo.
Y CUANDO EL CANSANCIO Y LAS TINIEBLAS QUIERAN TIMARTE  y llenarte de pensamientos negativos y destructores,  ¡SONRÍE!
Sonríe porque la vida es una, y no vale la pena perder ni un valioso segundo de ella con cosas que te lastiman.

La perla y la ostra.

Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.
Las perlas son productos del dolor. El resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable al interior de la ostra. Como un parásito, o un grano de arena.
En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar.
Cuando un grano de arena penetra en la ostra, las células del nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se va formando una hermosa perla.
Una ostra que no haya sido herida de algún modo no puede producir perlas. Porque la perla es una herida cicatrizada.
¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes?
¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?
¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas?
¿Has sido objeto de la indiferencia?
Entonces: ¡Produce una perla!
Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor.
Muchas personas sólo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen.
En la vida real vemos muchas “ostras vacías”, y no porque no hayan sido heridas, sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en amor.
Vale la pena enfrentar las heridas; lo inteligente es que no seas vencido por lo malo, sino, por el contrario, que venzas el mal con el bien. Y al respecto… ¿Cómo está tu perla?

domingo, 16 de octubre de 2011

Ingenuo.

Se cuenta que en un pueblito del interior, un grupo de personas se divertían con Juancito, un chico con cierto retraso mental, un joven de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas.
Diariamente, algunos hombres llamaban a Juancito al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande, de 50 centavos, y otra más pequeña, de 1 peso.
El siempre elegía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente Juancito, lo llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos, y éste le respondió:
“Ya lo sé, no soy tan tonto; vale la mitad pero el día que escoja la otra moneda, el jueguito se acaba y yo no voy a ganar más mi moneda”

Esta historia podría concluir aquí, como una simple anécdota de pueblo o de ciudad, ¿por qué no? Pero se pueden sacar varias conclusiones.
La primera: Quien parece ingenuo no siempre lo es.
La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos ingenuos de la historia?
En fin, creo que la conclusión más importante es que podemos salir bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros.
Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo y lo que uno realmente es.
“El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser ingenuo delante de un ingenuo que aparenta ser inteligente”.